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“ LA MUJER PUEDE MÁS QUE EL ACOSO SEXUAL”

Nuevas penas de cárcel por acoso callejero tendrán que esperar más ...

Como hemos visto recientemente, el día 9 de junio del año 2020 fue memorable y sumamente esperado por la población femenina de Costa Rica, ya que justamente ese día la Asamblea Legislativa aprobó en primer debate el proyecto  20.299 y con él la pena de prisión al acoso sexual callejero.

Antes de esa ley, la vida para cualquier mujer en las calles costarricenses ha sido una lucha y supervivencia contra piropos vulgares y comentarios desenfrenados por parte de hombres con masculinidad frágil. La aprobación de la ley es importante pero poco efectiva.

El acoso callejero es una forma de acoso sexual, se manifiesta con comentarios indeseados, silbidos, miradas de morbo y otras acciones en cualquier lugar público. Generalmente y lo más decepcionante es que la mayoría de estas prácticas son dirigidas a personas desconocidas por parte del acosador. A la población masculina le debería interesar conocer a mayor profundidad cómo es que realmente se siente una mujer cuando está siendo acosada.

¿Alguna vez le ha correspondido caminar sobre alguna construcción llena de albañiles gritándoles piropos? O quizá alguna vez mientras caminan por la acera, ¿Algún chofer de un vehículo ha tocado la bocina de su auto para decirles “adiós”?, ¿Ha sentido usted alguna vez en la vida que no quiere salir a hacer ejercicio con ropa deportiva porque no quiere sufrir de acoso? Analizar cómo vestirnos, cómo y por dónde transitar y cómo reaccionar ante esas palabras morbosas, es con lo que la comunidad de mujeres acosadas de Costa Rica estamos cansadas de lidiar.

Son segundos el tiempo que dura un acosador en decir una vulgaridad, a veces ni siquiera tienen que abrir la boca para intimidar y acorralar a cualquiera, para ellos la acción ahí queda, ahí termina, piensan que lo que dijeron fue una gracia o un placer escuchado por la otra persona, pero para la víctima el daño es permanente. El acoso callejero produce efectos negativos en la salud y bienestar de las víctimas, provoca miedo, ansiedad, asco, inseguridad, enojo, hostigamiento, entre otras.

Según estudios, el 80% de las mujeres sufren acoso callejero ocasional, el 50% busca rutas alternas por donde puedan transitar más seguras, el 45% de las mujeres tiene la sensación de no poder ir solas a algún lugar público, el 26% siente que con una pareja sentimental pueden ser menos acosadas en las calles y por último, el 19% se ha visto en la necesidad de cambiar de trabajo por hostigamiento. Estos son datos reales, estadísticas que día con día van en aumento, por lo tanto, una ley que sea aprobada de un día para otro no dará los frutos esperados.

Desde que se aprobó la ley en Costa Rica, no ha habido más información, no existen campañas ni grupos de apoyo donde las mujeres nos capacitemos y sepamos qué hacer cuando estamos siendo acosadas. Conocemos sobre el exhibicionismo, la masturbación en público, la persecución y acorralamiento, sabemos sobre la producción de contenido audiovisual con connotación sexual, conocemos a la perfección sobre ruidos, silbidos, jadeos, gemidos, pero ¿Cómo los detenemos? ¿Necesita la mujer costarricense andar defendiéndose y levantando denuncias todos los días en instituciones legales? O peor aún, ¿Tiene la mujer costarricense que pedir con clemencia que por favor se le trate con respeto en la sociedad? No. Hay que educar a los hombres, capacitar a la población de acosadores que viven en este país, no hay que “meterles miedo” con leyes inservibles y suaves, hay que terminar con el problema y arrancarlo de raíz.

Las mujeres tenemos derecho a caminar en libertad y sin miedo. La ciudadanía también es de las mujeres. Tenemos derecho a que se nos respete nuestro cuerpo, nuestra integridad y también nuestra dignidad. Dejen de naturalizar el acoso. Dejen de vernos como un objeto sexual. La lucha de las mujeres contra el acoso es constante, es de todos los días y así seguirá siendo por muchos años más porque la mujer puede más que el acoso sexual.

Por: Melissa Ramírez.

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